Conductas prosociales y antisociales en el deporte escolar

Pedro Ángel Latorre-Román

María Teresa Bueno-Cruz

Melchor Martínez-Redondo

Jesús Salas-Sánchez

*Correspondencia: Jesús Salas-Sánchez jesussalas644@gmail.com

Idioma del original Español

Citación

Latorre-Román, P. Á., Bueno-Cruz, M. T., Martínez-Redondo, M., & Salas-Sánchez, J. (2020). Prosocial and Antisocial Behaviour in School Sports. Apunts. Educación Física y Deportes, 139, 10-18. https://doi.org/10.5672/apunts.2014-0983.es.(2020/1).139.02

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Resumen 

El objetivo de este estudio es analizar las conductas prosocial y antisocial en el deporte escolar. Participaron 247 niñas y niños de edad comprendida entre los 8 y los 12 años, organizados en cinco grupos: deportistas de atletismo, fútbol, baloncesto, multideporte y sedentarios. Los resultados indican que, en los grupos de deportistas, los niños muestran mayor conducta antisocial que las niñas y estas mayor empatía. El grupo de fútbol presenta menos toma de perspectiva y el grupo sedentario mayor preocupación empática. A su vez, el grupo de fútbol muestra mayor agresividad que el resto de grupos con diferencias significativas en relación con el atletismo. Se puede concluir que la participación en el deporte infantil competitivo no tiene relación directa con una mayor conducta prosocial y una menor conducta antisocial. 

Palabras clave: competición, deporte, niños, socialización.

Introducción 

La importancia de la actividad física, AF, para la salud es bien conocida. Diversas autorías señalan beneficios físicos y psíquicos cuando los niños hacen actividad física (Ahn y Fedewa, 2011; Janssen y Leblanc, 2010). Además, la educación física y el deporte han sido considerados importantes instrumentos para el desarrollo de valores personales y sociales, de ahí su relevancia formativa y pedagógica (Ruiz y Cabrera, 2004). En este sentido, el deporte es a menudo asumido como un instrumento de desarrollo moral y social en niños y adolescentes (Bortoli et al., 2012) siendo un medio apropiado para conseguir valores de desarrollo personal y social, afán de superación, integración, respeto a la persona, tolerancia, aceptación de reglas, perseverancia, trabajo en equipo, superación de los límites, autodisciplina, etc. (Ruiz y Cabrera, 2004). Gutiérrez (2004) señala el deporte como poder socializador y como herramienta para integrar colectivos de inmigrantes, enseñar responsabilidad a jóvenes en riesgo, para prevenir y tratar las drogodependencias, para la reinserción en las instituciones penitenciarias, para mejorar la socialización de los barrios marginales, para favorecer la socialización de personas mayores, etc. 

Sin embargo, la participación en deportes se asocia también a resultados negativos, debido fundamentalmente a su naturaleza competitiva y a la excesiva presión por ganar (Li et al., 2015), lo que puede conllevar conductas agresivas y antideportivas (Pelegrin et al., 2013). En algunos casos los deportistas se ven arrastrados por los modelos del deporte espectáculo y sus manifestaciones más negativas: agresividad, violencia, afán desmesurado de triunfo y otras cualidades socialmente no deseables (Gutiérrez, 2004). 

La socialización a través del deporte hace referencia al aprendizaje de actitudes, valores y habilidades generales (juego limpio, compañerismo o conducta agresiva) que se adquieren en la práctica deportiva y supone también la consideración de cómo los agentes de socialización, la estructura organizativa, la filosofía de los programas deportivos, la familia, las orientaciones y conductas del entrenador pueden afectar a la experiencia deportiva y a la orientación de los valores de los niños (Boixadós et al., 1998). Este potencial socializador que tiene el deporte puede tener consecuencias negativas o positivas, según el modo en que se establezca la interacción entre la persona que se socializa, los agentes socializadores y los contextos sociales (Ramírez et al., 2004). En este sentido, el deporte constituye un entorno neutro para la socialización, siendo los determinantes del proceso de socialización: 1) los agentes de socialización (padres, entrenadores y organizadores de competiciones deportivas); 2) las diferentes situaciones socializantes del deporte infantil, es decir: momento, lugar, persona, circunstancias y consecuencias (Cruz et al., 1996). 

El comportamiento prosocial implica comportarse con humanidad, mientras que el aspecto inhibidor representa el comportamiento antisocial (Bortoli et al., 2012). Por ejemplo, ánimos verbales al compañero de equipo e intimidación física al oponente son comportamientos prosociales y antisociales respectivamente en el deporte (Hodge y Lonsdale, 2011). Un aspecto deseable a nivel pedagógico sería que el deporte escolar favoreciera las conductas prosociales. Tanto la persona (orientación de objetivos) como el contexto (clima motivacional) son variables a tener en cuenta en la conducta prosocial o antisocial en el deporte (Hodge y Lonsdale, 2011). La orientación a la tarea y el clima de maestría son predictores positivos de la conducta prosocial, mientras que la orientación al ego y el clima de rendimiento son predictores positivos de comportamiento antisocial (Kavussanu, 2006). Existe, por tanto, una relación significativa y positiva entre los niveles más altos de autodeterminación, es decir, de motivación intrínseca, la cual supone el compromiso de un deportista con una actividad por el placer, el disfrute y la satisfacción que le produce y la aparición de comportamientos e intenciones prosociales (Prat et al., 2019; Sánchez-Oliva et al., 2011). 

Por lo tanto, la socialización y el desarrollo moral son elementos importantes en el deporte escolar; sin embargo, los datos empíricos son aún escasos y serían necesarios más estudios en los que se analizaran las posibles diferencias entre deportes, edad y sexo de los participantes en relación con las conductas prosociales y antisociales en el deporte. En este sentido, el objetivo de este estudio es analizar dichas conductas en diferentes deportistas escolares federados, en relación con el sexo y con aquellas niñas y niños que no practican deporte. 

Metodología 

Participantes 

En este estudio participaron 247 niños (140 niños, 107 niñas) de educación primaria, EP, de entre 8 a 12 años seleccionados de diferentes clubes deportivos y centros de EP de la provincia de Jaén y que fueron divididos en cinco grupos: deportistas de atletismo (n = 40), fútbol (n = 54), baloncesto (n = 47), multideporte (n = 52) y sedentarios (n = 54). La muestra fue por conveniencia y como criterios de inclusión se tuvieron en cuenta la escolarización y no padecer discapacidad física y/o intelectual. Además, los niños practicantes de atletismo, fútbol y baloncesto debían estar federados. Los padres firmaron un consentimiento informado de participación voluntaria de sus hijos en esta investigación. El estudio fue aprobado por el Comité de Bioética de la Universidad de Jaén.

Tabla 1
Resultados sociodemográficos de las personas tutoras de los niños en relación con el grupo analizado

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Materiales e instrumentos 

Para el análisis de la conducta prosocial se empleó el Interpersonal Reactivity Index (IRI) en su versión española (Pérez-Albéniz et al., 2003). Se trata de una escala formada por 28 ítems divididos en cuatro subescalas que a su vez miden cuatro magnitudes diferentes del concepto general de empatía: Toma de perspectiva, Fantasía, Preocupación empática y Malestar personal, compuestas por siete ítems cada una de ellas. Este instrumento permite medir tanto la actitud cognitiva como la reacción emocional del individuo, su actitud empática y presenta adecuadas propiedades psicométricas (α de Cronbach = .70-.78). 

Para el análisis de la conducta antisocial se empleó el cuestionario de conducta antisocial (CCA) (Martorell y González, 2011). Consta de 36 ítems, incluyendo cuatro alternativas de respuesta (“nunca”, “alguna vez”, “muchas veces” y “siempre”). Este instrumento se divide en tres subescalas, siendo la primera subescala la de agresividad que hace alusión a conductas de agresividad verbal o física con los demás. La segunda subescala es la de aislamiento y evalúa la necesidad de estar solo, escapando y evitando las situaciones que impliquen relacionarse con los demás. La última subescala recibe el nombre de ansiedad/retraimiento, y evalúa la dificultad para relacionarse con los demás, en esta ocasión teniendo en cuenta reacciones vitales o funcionales. Este instrumento también presenta adecuadas propiedades psicométricas (α de Cronbach = .91). 

Por último, mediante un cuestionario sociodemográfico, realizado ad hoc, se recogió también información de las personas tutoras (edad, estado civil, nivel de estudios y nivel socioeconómico). 

Procedimiento 

Previamente a la gestión de los cuestionarios se solicitó el permiso de la dirección del centro y de los correspondientes coordinadores de los diferentes clubes deportivos. Tras la solicitud de los permisos convenientes se comenzó con la administración de los cuestionarios, que se realizó por pequeños grupos en presencia de personal investigador del estudio. De manera autoadministrada se cumplimentó cada cuestionario, atendiéndose en todo momento a las dudas y asegurando la confidencialidad y el anonimato de las respuestas. La duración de la realización de los cuestionarios fue de aproximadamente 30 minutos. La recogida de datos se realizó a lo largo del curso escolar 2015-2016. 

Análisis estadístico 

Los datos de este estudio se analizaron mediante el programa estadístico SPSS., v.19.0 para Windows, (SPSS Inc, Chicago, USA). El nivel de significación se fijó en p < .05. Los datos se muestran en estadísticos descriptivos de media, desviación típica y porcentajes. Se comprobó la distribución normal de los datos y la igualdad de varianzas mediante pruebas de Kolmogorov-Smirnov y contraste de Levene respectivamente. Las diferencias entre sexos y tipos de deporte se analizaron mediante análisis de varianza (ANOVA) con análisis post hoc (Bonferroni). Por último, se realizó un análisis de correlación Pearson entre la conducta prosocial y la antisocial. 

Resultados 

En la tabla 1 se exponen los resultados sociodemográficos de los padres de los niños en relación a cada grupo analizado y el número de niñas y niños por grupo. Se encuentran diferencias significativas en el nivel de estudios, destacando que el grupo de fútbol presenta el más alto porcentaje de padres sin estudios. 

En la tabla 2 y en las figuras 1, 2, 3 y 4 se exponen los resultados de las conductas prosocial y antisocial en relación con el sexo y los grupos de deportistas. Se puede destacar que en la conducta prosocial y sus diferentes factores, las diferencias entre sexos se empiezan a evidenciar en los grupos de niños deportistas, mostrando las niñas mayores niveles de empatía y existiendo solo esta diferencia entre sexos en el factor de distrés o malestar personal en el grupo de sedentarios. En relación con la conducta antisocial, no se encuentran diferencias significativas entre sexos en el grupo de sedentarios, apareciendo estas diferencias en los grupos de deportistas, presentando los niños mayor conducta antisocial. En relación con el grupo total, el grupo de fútbol presenta menos toma de perspectiva que el resto de grupos y el grupo sedentario muestra mayor preocupación empática que el resto de grupos con diferencias significativas con el grupo de baloncesto. A su vez, el grupo de fútbol manifiesta mayor agresividad que el resto de grupos con diferencias significativas en relación con el atletismo. En el análisis por sexos, teniendo en cuenta el deporte y la conducta prosocial, los niños del grupo de atletismo presentan de manera significativa mayor toma de perspectiva que el grupo de multideporte, fútbol y baloncesto; además, el grupo de sedentarios presenta mayor preocupación empática que el resto de grupos con diferencias significativas con el grupo de atletismo. Por último, el grupo de sedentarios muestra mayor distrés y malestar personal que el resto de grupos con diferencias significativas en relación con el grupo de baloncesto (figura 1). 

Tabla 2
Resultados de las conductas prosocial y antisocial en los diferentes grupos analizados y en relación con el sexo 

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Figura 1
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Diferencias en empatía en los niños en función del deporte practicado

En las niñas, el grupo de sedentarias muestra menor toma de perspectiva que el resto de grupos con diferencias significativas con los grupos de atletismo y baloncesto. Por último, el grupo de sedentarias manifiesta mayor distrés y malestar personal que el resto de grupos con diferencias significativas en relación con el grupo de baloncesto (figura 2). 

Figura 2
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Diferencias en empatía en las niñas en función del deporte practicado

Teniendo en cuenta la conducta antisocial, los niños que practican fútbol presentan la mayor puntuación en conducta antisocial con diferencias significativas en relación con el grupo de atletismo; a su vez, los niños del grupo de atletismo manifiestan menor agresividad que el resto de grupos con diferencias significativas en relación con los grupos de fútbol y baloncesto (figura 3). 

Figura 3
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Diferencias en conducta antisocial en los niños en función del deporte practicado

En cuanto a las niñas, no se encuentran diferencias significativas (figura 4). 

Figura 4
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Diferencias en conducta antisocial en las niñas en función del deporte practicado

El análisis de correlación de Pearson muestra una asociación negativa entre la puntuación en empatía total con la agresividad (r = –0.345, p < .01) y el aislamiento (r = –0.202, p < .01) y positiva con la ansiedad/retraimiento (r = .301, p < .01). En el caso de la puntuación total en conducta antisocial solo se obtiene una asociación negativa con la toma de perspectiva (r = – .360, p < .01). 

Discusión 

El objetivo principal de este estudio ha sido analizar las conductas prosocial y antisocial de diferentes deportistas escolares en relación con el sexo y con niños que no practican deporte. El hallazgo más importante de este estudio señala que la práctica deportiva infantil de carácter federado no provoca mayores niveles de empatía o menores niveles de conducta antisocial en relación con niños que no hacen deporte, existiendo algunas diferencias significativas en estas conductas en función del deporte practicado. En este sentido, el solo hecho de tomar parte en competiciones deportivas no garantiza la formación del carácter o la adquisición de la deportividad (Cruz et al, 1996). 

Teniendo en cuenta el sexo, las diferencias en conducta prosocial se empiezan a evidenciar en los grupos de deportistas, presentando las niñas deportistas mayor empatía que los niños, no existiendo estas diferencias en el grupo sedentario. Circunstancia semejante se observa en la conducta antisocial, en la que no existen diferencias significativas entre sexos en el grupo de sedentarios, pero sí en el de deportistas, mostrando los niños mayor conducta antisocial. En población infantil y adolescente, estudios previos (Garaigordobil y Galdeano, 2006; Gorostiaga et al., 2014) han mostrado que las niñas presentan más empatía que los niños. De manera específica y en el ámbito deportivo, a diferencia de este estudio, Kavussanu et al. (2009) no encontraron diferencias en empatía entre hombres y mujeres futbolistas de entre 15 y 47 años, pero en consonancia con este estudio, los hombres manifestaban mayor conducta antisocial. Los estudios al respecto son escasos y a veces contradictorios. En este sentido, Pelegrín et al. (2010) indican que los jóvenes que practican un deporte tienen un menor riesgo de desarrollar conductas agresivas, al mostrar conductas más extrovertidas, sensibles y respetuosas hacia los demás. 

Teniendo en cuenta los grupos analizados, el de fútbol presenta menos toma de perspectiva que el resto de grupos y el sedentario muestra mayor preocupación empática que el resto de grupos con diferencias significativas con el de baloncesto. A su vez, el grupo de fútbol muestra mayor agresividad que el resto de grupos con diferencias significativas en relación con el atletismo. Si se tienen en cuenta los factores sociodemográficos de las personas tutoras, cabe destacar que entre los diferentes grupos formados hay diferencias significativas en el nivel de estudios, siendo las del grupo de fútbol las que mayor porcentaje representan sin estudios, aunque no se puede dilucidar en este trabajo la asociación entre la moralidad de estas y el nivel de estudios. Además, pueden influir diferentes factores en estos resultados: el modelo de iniciación deportiva, el planteamiento de la competición, la presión ambiental en relación con las personas tutoras, amistades, clubes y la influencia de los medios de comunicación de masas. En este sentido y del análisis de varios autores Sáenz et al., (2015) destacan que la conducta prosocial y antisocial en contextos deportivos puede estar influenciada por varios factores como son: el grupo de iguales, los profesores de EF, las personas tutoras y espectadoras, árbitros, medios de comunicación y representantes institucionales. Según la teoría de aprendizaje social, puede provocarse una fuerte agresividad en el niño solo con exponerle a modelos agresivos con éxito y recompensarle intermitentemente una conducta agresiva (Bandura y Walters, 2002). 

En relación con la anterior cuestión, es relevante la función de los deportes espectáculo en el deporte infantil, cuyo máximo objetivo es la victoria, la recompensa económica y la meritocracia. A este respecto, Sáenz et al. (2015) indican que a través del deporte profesional, se pueden transmitir al deporte educativo contravalores como: ganar a toda costa, la humillación, la venganza, etc. Las conductas agresivas han llegado a ser demasiado habituales en las gradas, en los banquillos y sobre todo en el terreno de juego (Blasco y Orgilés, 2014). Particularmente, en el contexto del fútbol infantil y tras el análisis de 240 competiciones, Gimeno et al. (2007) indican que las personas tutoras son las que provocan el 19 % de las agresiones verbales a los árbitros y en un 4 % de los casos provocaron agresiones físicas a los entrenadores. La presión de las personas tutoras es por tanto un predictor de la intención y actuación de comportamientos antisociales en niños deportistas (Sánchez et al., 2014). Sin embargo, el comportamiento de los entrenadores durante la práctica y la competición tiene un mayor impacto en los comportamientos de los jóvenes deportistas que el comportamiento de sus tutores (Palou et al., 2013). 

Por otro lado, es necesario que el entrenador oriente el trabajo hacia la tarea en sí misma para que los deportistas tengan una mayor satisfacción de sus necesidades de autonomía y de relaciones sociales, lo cual propiciaría la aparición de motivos de práctica más intrínsecos, mayores comportamientos prosociales y la reducción de conductas antisociales (Sánchez-Oliva et al., 2012). El clima motivacional asociado a la tarea por parte de compañeros, entrenador y personas tutoras va a estar relacionado de forma negativa con acciones antisociales y el clima motivacional orientado al ego creado por los compañeros, el entrenador y las personas tutoras está relacionado de forma positiva con acciones antisociales (Leo et al., 2009). En este sentido, la orientación a la tarea y el clima de dominio son predictores positivos de la conducta prosocial, mientras que la orientación al ego y el clima de rendimiento son predictores positivos del comportamiento antisocial en futbolistas de 12 a 17 años (Kavussanu, 2006). 

Además, los entrenadores que mantienen buenas relaciones con sus atletas reducen el comportamiento antisocial, y la exposición a niveles relativamente altos de razonamiento sociomoral en el contexto de las actividades deportivas promueve la conducta prosocial (Rutten et al., 2007). Por tanto, las relaciones de apoyo entre entrenadores y atletas se asocian a un menor comportamiento antisocial (Rutten et al., 2011). En este sentido, los atletas motivados de manera autónoma deberían ser más propensos a comportarse de acuerdo con su sentido y valores internalizados, que incluirían el respeto de los demás y de sí mismos y, a su vez, ser más propensos a involucrarse en comportamientos prosociales y menos a participar en el comportamiento antisocial (Hodge y Lonsdale, 2011). 

Conclusión 

A partir de esta investigación se concluye que la participación en el deporte infantil competitivo no garantiza una mayor conducta prosocial y una menor conducta antisocial en relación con los niños que no hacen deporte, incluso, en determinados deportes como el fútbol, se incrementa la conducta antisocial, presentándose a su vez en el grupo sedentario una mayor preocupación empática. 

La mayor limitación de este estudio es que no se analizaron determinados correlatos y conductas de moralidad de los entrenadores y personas tutoras en relación con el deporte escolar que pudieran determinar con mayor claridad sus resultados. Por lo tanto, al estudiar las conductas prosociales y antisociales de los jóvenes deportistas, se observa que pocos trabajos han analizado el esquema moral de los entrenadores, las personas tutoras, grupo de iguales e ideario de los clubes. Futuras investigaciones deben abordar prospectivas de estudio que permitan determinar con mayor precisión la relación entre el comportamiento moral de los jóvenes y el deporte. 

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ISSN: 2014-0983

Recibido: 20 de julio de 2018

Aceptado: 23 de abril de 2019

Publicado: 1 de enero de 2020