El ejercicio físico como tratamiento coadyuvante en los trastornos alimentarios: una revisión sistemática
*Correspondencia: Eva Parrado eva.parrado@uab.cat
Citación
Teixidor-Batlle, C., Parrado, E., & Ventura, C. (2025). Physical exercise as an adjunctive treatment in eating disorders: A systematic review.Apunts Educación Física y Deportes, 163, 3-18. https://doi.org/10.5672/apunts.2014-0983.es.(2026/1).163.01
Resumen
La presente revisión sistemática permitió conocer las intervenciones realizadas hasta el momento para valorar la efectividad del ejercicio físico (EF) como tratamiento coadyuvante en los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Los objetivos principales de esta revisión sistemática fueron: a) identificar qué aspectos, a nivel sintomatológico y de condición física, mejoran con la inclusión del EF en el tratamiento terapéutico de los TCA, y b) determinar las características que debe tener el EF para mejorar la sintomatología identificada. Se hizo una búsqueda bibliográfica según las directrices PRISMA utilizando las plataformas PubMed, Web of Science, PsycINFO y Scopus. Se dividieron las palabras clave en tres grupos (Trastornos alimentarios; Ejercicio y tratamiento; Características de la actividad física) y se revisaron artículos publicados entre 2012 y 2022. De los 1247 resultados iniciales se incluyeron en el análisis 20 estudios, de los cuales 10 eran estudios controlados aleatorizados (RCT). Se observaron mejorías en la fuerza muscular, capacidad aeróbica, IMC, densidad ósea, así como en la sintomatología de los TCA y en la calidad de vida. Debido a las diferencias metodológicas utilizadas en cada programa de EF no fue posible determinar las características específicas para la mejoría de la sintomatología relacionada con los TCA. Son necesarias más investigaciones para determinar la frecuencia, la intensidad, el tiempo, la tipología y el volumen de los programas de EF.
Introducción
Se ha comprobado que la práctica de actividad física (AF) favorece el bienestar físico, psicológico y social de sus participantes (González-Peris et al., 2022). En los últimos años, la literatura científica se ha centrado en el estudio de las propiedades terapéuticas del EF para el abordaje de la salud mental. Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), como la anorexia nerviosa (AN), la bulimia nerviosa (BN), el trastorno por atracón (TA) o el trastorno de la conducta alimentaria no especificado (TCANE), son considerados patologías psiquiátricas caracterizadas por un patrón alterado de la conducta alimentaria con perjuicio para la salud y el funcionamiento psicosocial (González-Peris et al., 2022). En algunas de las manifestaciones de los TCA mencionados, los pacientes utilizan la AF como una estrategia común para perder peso, mejorar la figura (Quiles et al., 2021), compensar, eliminar o aliviar los estados negativos (ansiedad, depresión y estrés) y los síntomas de los TCA (preocupación por el peso, impulso por la delgadez, insatisfacción corporal y perfil restrictivo). Sin embargo, se ha constatado que el EF como tratamiento coadyuvante puede presentar efectos positivos sobre los principales síntomas de la AN, sobre la salud física y mental, así como propiciar un mejor comportamiento hacia el equipo sanitario (Quiles et al., 2021). De hecho, los primeros estudios registrados sobre la temática, realizados por Blinder et al. (1970) o por Beumont et al. (1994), detectaron mejorías en la sintomatología tras evaluar un programa de EF supervisado en un grupo de pacientes con TCA. Posteriormente, investigaciones recientes indicaron que el EF disminuía los comportamientos compensatorios y facilitaba el aumento de peso en la anorexia, reducía el impulso por estar más delgado, los síntomas bulímicos y la insatisfacción corporal, aumentaba los niveles de fuerza, revertía las anomalías cardíacas de la anorexia severa y mejoraba la calidad de vida (Calogero y Pedrotty, 2004; Cook et al., 2017; Fernández-del-Valle et al., 2014).
Curiosamente, hasta el momento, el EF rara vez se utiliza en las unidades de salud mental como parte del tratamiento de los TCA por miedo a reforzar el ejercicio excesivo para obtener el deseado “cuerpo ideal” (Quesnel et al., 2018). Esto probablemente se debe a la falta de directrices claras para el manejo del EF en este contexto, a la ausencia de pautas generalizadas que orienten a los diferentes profesionales sobre cómo utilizar el ejercicio de manera efectiva como parte del tratamiento en los TCA, y a las diferentes actitudes hacia estos enfoques en el tratamiento (Fernández-del-Valle, et al., 2014; Toutain et al., 2022).
Por todo lo anteriormente expuesto, los objetivos de la presente revisión sistemática fueron: (i) identificar qué aspectos, tanto a nivel sintomatológico como de condición física, mejoran con la inclusión del EF en el tratamiento terapéutico de los TCA, y (ii) determinar las características que debe tener el EF en el tratamiento terapéutico para la mejoría de la sintomatología identificada.
Método
Se realizó una revisión sistemática de la literatura relevante siguiendo la declaración PRISMA 2020 (Page et al., 2021). A causa de la heterogeneidad metodológica y estadística de los estudios incluidos, en la síntesis del estudio se adoptó un enfoque descriptivo (Rethlefsen et al., 2021).
Estrategia de búsqueda
Se realizó una búsqueda de la literatura relevante en cuatro bases de datos: PubMed, Web of Science, PsycINFO y Scopus. La estrategia de búsqueda incluyó tanto términos de vocabulario controlado como de texto libre (véase la Tabla 1).

Criterios de inclusión y exclusión
Para su inclusión, los artículos recuperados debían haber sido publicados entre 2012 y 2022, en inglés y/o castellano. La búsqueda se realizó el 28 de noviembre de 2022. Se excluyeron las revisiones sistemáticas, las guías descriptivas o protocolos de intervención y aquellos estudios que incluían muestras de deportistas profesionales.
Los artículos potenciales se seleccionaron a partir de un conjunto de términos clave definidos mediante la estrategia PICOS (Participants, Intervention, Comparison, Outcomes, Study design; Liberati et al., 2009), (véase la Tabla 2) buscándose inicialmente en el título y en el resumen.

Un revisor (C.T.B.) realizó el análisis de datos y el proceso de búsqueda en las principales bases de datos. Todos los registros identificados electrónicamente fueron evaluados por título y resumen. Los artículos duplicados se eliminaron y se consideraron una única vez. Se obtuvieron los textos completos de todos los artículos considerados potencialmente elegibles. A continuación, los registros preseleccionados fueron examinados de forma independiente por dos revisores (C.T.B. y C.V.) quienes seleccionaron los estudios finales para incluirlos en la revisión. En caso de disparidad, se consideró la opinión de un tercer revisor (E.P.).
Resultados
Resultados de la búsqueda
Tras excluir los registros duplicados, se consideraron aptas un total de 1247 publicaciones potencialmente relevantes. Después del cribado de los títulos y resúmenes, se aceptaron 48 publicaciones para la revisión del texto completo. Finalmente, en esta revisión sistemática se incluyeron 20 artículos (véase la Figura 1), de los cuales 10 eran estudios controlados aleatorizados (RCT).

Nota. EF = Ejercicio Físico, TCA = Trastorno de la Conducta Alimentaria.
Características de los participantes
El número total de participantes entre los diferentes estudios fue de 895. En la Tabla 3 se detallan sus características.

Características de las intervenciones
De los veinte estudios revisados, el período de duración de las intervenciones comprendió entre una y veintiséis semanas. Las Tablas 4 y 5 muestran, por orden alfabético, las características de todos los estudios revisados.


Efecto del ejercicio físico en la sintomatología de TCA
Efectos del ejercicio físico en la condición física
Trece artículos analizaron los efectos que genera el EF en la condición física de los pacientes. En cuanto a la condición y capacidades físicas, se obtuvieron mejorías de la fuerza muscular de las extremidades inferiores y superiores (n = 6; Bratland-Sanda et al., 2012; Bratland-Sanda et al., 2018; Dauty et al., 2022; Fernández-del-Valle et al., 2014; Fernández-del-Valle et al., 2015b; Mathisen et al., 2018a); mejorías cardiorrespiratorias (n = 3; Dauty et al., 2022; Galasso et al., 2018; Galasso et al., 2020); mejores valores en los test de equilibrio (n = 1; Dauty et al., 2022); y mejorías en la agilidad (n = 2; Fernández-del-Valle et al., 2014; Fisher y Schenkman, 2012). En cuanto a las medidas antropométricas, se registraron mejorías significativas del IMC (n = 7; Agne et al., 2022; Bratland-Sanda y Vrabel, 2018; Bratland-Sanda et al., 2018; Dauty et al., 2022; Galasso et al., 2018; Fernández-del-Valle et al., 2015a; Fernández-del-Valle et al., 2015b) y de los pliegues cutáneos (n = 2; Agne et al., 2022; Fernández-del-Valle et al., 2015b).
Eficacia del ejercicio físico en la sintomatología del TCA
Diez artículos analizaron los efectos que genera el ejercicio físico en la sintomatología de los TCA. Un estudio incluyó el ejercicio aeróbico (n = 1; Galasso et al., 2018) refiriendo una disminución de comportamientos patológicos relacionados con el ejercicio compulsivo (EC) y con la ingesta alimentaria.Se detectó también un único estudio que examinó los efectos del EF a través del trabajo de fuerza-resistencia en la psicopatología de BN y TA y en las conductas patológicas relacionadas con el EC después de la intervención (Mathisen et al., 2018b).
En cuanto a las intervenciones combinadas con ejercicio de fuerza y actividades aeróbicas (n = 3; Bakland, et al., 2019; Bratland-Sanda et al., 2012; Galasso et al., 2020) se detectó una reducción significativa en la puntuación total del Eating Disorders Examination (EDE), así como mejorías significativas en los síntomas emocionales y cognitivos relacionados con los atracones, y reducción de conductas compensatorias.
En cuanto a las actividades cuerpo-mente, como el yoga (n = 2, Brennan et al., 2020; Diers et al., 2020) o el pilates (n = 1; Martínez-Sánchez et al., 2020), el yoga redujo la frecuencia de atracones en personas con BN, la desregulación de las emociones y la autocrítica, mejoró las habilidades de autocompasión y la atención plena y redujo significativamente las preocupaciones sobre la imagen corporal. El pilates, en cambio, mejoró la calidad del sueño.
Otros estudios permitieron a los y las participantes escoger el tipo de EF a practicar (n = 2; Bratland-Sanda y Vrabel, 2018; Lampe et al., 2022). Ambos registraron una mejoría de la sintomatología de los TCA y, además, uno de ellos reportó una disminución en la angustia mental global, así como una reducción en la práctica compulsiva de EF.
Discusión
Esta revisión permite afirmar que el EF puede constituir una herramienta terapéutica eficaz para los pacientes con un TCA diagnosticado. Se evidencia que la prescripción de EF supervisado por profesionales y realizado con un equipo multidisciplinar puede ser segura y aporta múltiples beneficios a las personas con tales trastornos (Cook et al., 2016).
Mejorías en la sintomatología de los TCA con la inclusión de EF en el tratamiento terapéutico
Un 35 % de los estudios (n = 7) no describieron con exactitud las características de la intervención (por ejemplo, el volumen o la intensidad del EF), deduciéndose únicamente el tipo de EF (p. ej., Bakland et al., 2019; Mathisen et al., 2018b). Además, los instrumentos que se seleccionaron para evaluar la sintomatología, eran heterogéneos (p. ej., EDE-Q [Eating Disorder Examination Questionnaire], BITE [Bulimic Investigatory Test Edinburgh], BSQ [Body Shape Questionnaire], entrevista semiestructurada), por lo que se centraban en dimensiones diferentes.
En este sentido, en la presente revisión sistemática, la eficacia de las intervenciones no se ha podido determinar de acuerdo a mejorías concretas en la sintomatología de los TCA, sino que únicamente se ha podido examinar en función del grado de adherencia y de los cambios en las medidas reportadas obtenidas tras del programa de EF. No obstante, y a pesar de que el criterio de eficacia no se estandarizó, solo se detectó un estudio que concluyó que la inclusión de EF en un tratamiento terapéutico de los TCA no fue más ni igual de eficaz en los GE respecto a los GC (Mathisen et al., 2018b).
En este caso, tal y como exponen los mismos autores, la falta de diferencias significativas podría deberse a la escasa potencia estadística derivada del reducido tamaño de la muestra y de la elevada tasa de abandono del grupo control. Los estudios restantes concluyeron que la prescripción de ejercicio ofrecía una eficacia más elevada.
Como se puede observar en la Figura 2, los resultados apuntaron beneficios tanto psicológicos como físicos después de realizar EF como parte del tratamiento de los TCA. En consecuencia, los resultados parecen apuntar que la terapia con EF en pacientes con TCA (AN, BN, TA o TCANE) es segura y beneficiosa tanto para la sintomatología de los TCA como para la salud física y mental, aunque sigue siendo comprometido determinar exclusivamente un tipo de EF (Mathisen et al., 2023; Toutain et al., 2022). En este sentido, el entrenamiento de fuerza de los principales grupos musculares reveló un aumento significativo de la fuerza mediante la prueba de 5RM tras 16 semanas de entrenamiento con pesas y las pruebas de 70 % de 6RM tras 8 semanas de entrenamiento con pesas (Bratland-Sanda et al., 2018; Fernández-del-Valle et al., 2014). Revisiones previas con pacientes con AN también han confirmado mejorías en la fuerza muscular gracias al EF con entrenamiento de fuerza mediante la prueba de 6RM tras 12 semanas de entrenamiento, con y sin pesas, y mediante las pruebas press de banca y press de piernas, tras 8 semanas de entrenamiento de fuerza de alta intensidad (Minano-Garrido et al., 2022). Más concretamente, Vancampfort et al. (2014b) concluyeron que un programa con entrenamiento aeróbico y de fuerza-resistencia muscular en pacientes con AN y BN inducía a un aumento de fuerza muscular, del IMC y del porcentaje de grasa corporal. Resultados similares se observan también en muestras no clínicas. Estudios de revisión recientes, como el de Mikkonen et al. (2024), indican que la implementación de entrenamiento regular de fuerza y resistencia muscular conlleva un incremento en la fuerza y en la capacidad de resistencia también en mujeres adultas sanas.

Pero, además, un programa combinado con ejercicio aeróbico, yoga y terapia básica de conciencia corporal en pacientes con AN y BN estimulaba la disminución de la sintomatología de la patología alimentaria y de los síntomas depresivos. Cabe destacar que en el presente trabajo se identificó un mayor número de estudios que analizaban los beneficios del trabajo de fuerza y de la resistencia aeróbica. Es de especial interés mencionar la dificultad y complejidad de realizar EF aeróbico en pacientes con AN, dado que este tipo de ejercicio, cuando es excesivamente intenso (en particular las modalidades de ejercicio aeróbico como la carrera y la natación), puede parecer inadecuado para los pacientes con desnutrición grave debido a su elevado requerimiento de gasto energético, lo que podría provocar una pérdida de peso aún mayor u otros riesgos médicos (Heinl, 2018). Además, el EF aeróbico suele evitarse en el cuidado de los pacientes con AN, ya que estos suelen tener un impulso de estar físicamente activos y una incapacidad para permanecer quietos: impulso para la actividad.
Debe destacarse que, aunque en personas con un TCA el objetivo suele ser restaurar el IMC aumentándolo, Galasso et al. (2018) registraron una mejoría de la capacidad aeróbica, pero también detectaron una reducción del IMC, posiblemente debido al hecho de que la muestra estaba compuesta por pacientes diagnosticados con TA que presentaban obesidad (IMC ≥ 30). De forma similar, Martínez-Sánchez et al. (2020) no reportaron cambios ni en la composición corporal ni en la condición física después del programa de pilates, aunque sí detectaron un pequeño incremento del percentil del IMC en las mujeres con mayor peso. Probablemente, los motivos fueron que las participantes eran adolescentes y posiblemente se encontraban en un período de restauración y estabilización de su composición corporal, por lo que el pilates ayudó a mantener esta estabilización. En efecto, Kibar et al. (2016) comprobaron que un programa de 8 semanas de pilates en mujeres sanas sí tenía efectos beneficiosos en la fuerza muscular (abdominal y lumbar) así como en el equilibrio estático y en la flexibilidad. Asimismo, cabe señalar que la presente revisión no identificó cambios físicos tras las intervenciones de pilates o yoga ya que las variables evaluadas en estos estudios se focalizaban en aspectos comportamentales y no relacionadas con la condición física (Brennan et al., 2020; Diers et al., 2020).
A nivel fisiológico, al igual que en mujeres sanas (Hsu et al., 2024), también se detectó que el EF mejoró la salud ósea de las mujeres con TCA, ya que a menudo presentan unos valores bajos de densidad mineral ósea (DMO), una estructura ósea deteriorada y una fuerza ósea reducida (Bratland-Sanda et al., 2018; Mathisen et al., 2018b), efectos que pueden verse maximizados por la influencia negativa de los antidepresivos (DiVasta et al., 2017). Será importante tener en cuenta los valores de la DMO, ya que unos niveles bajos aumentarán el riesgo de osteoporosis y, consecuentemente, comportarán una mayor susceptibilidad a sufrir dolores y fracturas en la edad adulta (Lopes et al., 2022).
Entre los estudios experimentales de la presente revisión se registró una disminución del EF compulsivo, del deseo de adelgazar y de los síntomas bulímicos en pacientes con TCA que practicaban EF. Asimismo, se observó una mejoría de la satisfacción corporal (Bakland et al., 2019; Bratland-Sanda y Vrabel, 2018; Diers et al., 2020), así como una mejoría en el estado de ánimo, la calidad de vida y el bienestar (Agne et al., 2022; Bakland et al., 2019; Brennan et al., 2020; Vancampfort et al., 2014a). Los beneficios mentales y mejorías en los comportamientos patológicos relacionados con el EC reportados por Bakland et al. (2019) y Mathisen et al. (2018b), posiblemente se dieron porque el tratamiento terapéutico con EF podría ayudar a reducir la ansiedad del paciente y su “deseo de adelgazar”, así como a disminuir su compromiso con el ejercicio, proporcionar placer y ayudar con la mejoría del estado de ánimo y la imagen corporal (Cook et al., 2011; Vancampfort et al., 2014b).
Características del EF para la mejoría de la sintomatología de los TCA en el tratamiento terapéutico
Realizada la revisión, se observó una elevada dispersión y una falta de sistematización en la prescripción de EF, al igual que en la revisión sistemática de Moola et al. (2013), por lo que resulta difícil concretar las características y establecer unas pautas específicas para incorporar el EF dentro del tratamiento de un TCA.
Centrándonos en las variables de entrenamiento y, concretamente, en la carga externa, esta ha sido heterogénea. Respecto a variables relacionadas con la intensidad y el volumen en el trabajo de fuerza, se observa que, en general, se aplicaron cargas medias (alrededor del 50 % de 1RM o 70 % de 6RM, entre 6-15 repeticiones y 1-5 series; Agne et al., 2022; Fernández del Valle et al., 2015a); en el de fuerza-resistencia no se especificaron las cargas (Mathisen et al., 2018b); y en el de amplitud de movimiento se detallaron tiempos de trabajo de entre 15-60 segundos y entre 2-4 series (Dauty et al., 2022; Fisher y Schenkman, 2012). Por otro lado, sí se identificaron coincidencias en los ejercicios de fuerza incluidos, ya que la mayoría eran ejercicios poliarticulares y de grandes grupos musculares (p. ej., remo lateral, press de banca, press de piernas, extensión de piernas, jalón de pecho, curl de tronco, extensión lumbar y flexiones; Bratland-Sanda et al., 2018; Fernández del Valle et al., 2015a). En cuanto a la actividad aeróbica, las propuestas fueron mucho más variadas, tanto en el tipo de actividad/intervención (p. ej., deportes variados; Dauty et al., 2022) como en los intervalos piramidales (Bakland et al., 2019), los intervalos de alta intensidad (Mathisen et al., 2018b) y en la carga externa. Pese a esta heterogeneidad, los programas aportaban beneficios.
Cook et al. (2016) concluyeron que adaptar el modo de ejercicio a las necesidades de cada persona era una de las premisas terapéuticamente más importantes. Por lo tanto, aplicar el principio de individualización será clave, y aquí se incluye también el tipo de ejercicio. En este sentido, Bratland-Sanda y Vrabel (2018), Lampe et al. (2022) o Vancampfort et al. (2014a) dejaron a elección del paciente el tipo de actividad a realizar y detectaron mejorías en la psicopatología del TCA y en la calidad de vida, posiblemente por el incremento de la motivación para realizar una actividad de su agrado. Es importante destacar que aspectos como el disfrute, la motivación, la elección, la interacción social y el sentimiento de pertenencia a un grupo (White et al., 2018) también influyen en la relación entre AF y salud mental.
Por otro lado, las intervenciones más relacionadas con la mente y el cuerpo (p. ej., pilates o yoga), también han sido utilizadas como tratamiento en los TCA, ya que parecen influir positivamente en la imagen corporal y en la reducción de la sintomatología de los TCA (Hall et al., 2016; Vancampfort et al., 2014a). De hecho, Sánchez y Munguia-Izquierdo (2017) afirman que el yoga tiene el potencial de promover el autoconocimiento corporal, es decir, la capacidad de experimentar el cuerpo desde dentro a través de la meditación, el movimiento físico y la respiración.
La heterogeneidad en las características del EF detectadas, posiblemente también pueda explicarse por el hecho de que, en la presente revisión, se han incluido diferentes manifestaciones de los TCA (AN, BN, TCANE y TA), a diferencia de revisiones previas centradas en una sola manifestación (Toutain et al., 2022). El espectro del comportamiento alimentario difiere en función del diagnóstico recibido, por lo que estas diferencias sugieren que cada tipo de TCA necesita una prescripción específica de EF adaptado a sus particularidades.
En vista de todo lo anterior y de la dificultad de determinar unas pautas comunes de EF para pacientes con TCA, se propone que, antes de iniciar el EF en estos pacientes, se (re)piense qué significa para la persona la AF, ya que el significado que tiene el EF debe cambiar (Cook et al., 2016). El objetivo no es eliminar el EF del día a día de la persona, sino educarla para que identifique el movimiento como un complemento más de la psicoterapia o de la nutrición. Así, cuando la persona vuelva al gimnasio o vuelva a practicar EF después de la recuperación del trastorno, percibirá la actividad como satisfactoria y saludable. Si no se atiende al cambio de perspectiva del EF, también se corre el riesgo de que el TCA se cronifique (Rizk et al., 2020) o que el patrón problemático de ejercicio aumente el riesgo de lesión. Por estas razones y, como conclusión final, no debería retirarse el EF en los pacientes con TCA, sino que debe adaptarse y garantizar que se lleve a cabo siempre bajo supervisión y con la autorización de un terapeuta y educador físico-deportivo.
Limitaciones
A pesar de las aportaciones del presente trabajo, cabe mencionar algunas limitaciones. Por un lado, las investigaciones, en algunos casos, no detallan qué tipo de estímulos se han empleado o son poco específicas respecto a las variables de entrenamiento aplicadas al paciente. Por otro lado, la heterogeneidad de las intervenciones en cuanto a variables analizadas, contenido, duración y tiempos de evaluación ha dificultado la comparación de los resultados entre ellos, lo que sugiere la necesidad de seguir investigando. Asimismo, para poder obtener un número sustancial de artículos para la revisión, se han incluido estudios con diferentes diseños metodológicos, en muchos casos con un tamaño muestral limitado y con heterogeneidad en el uso de las medidas e instrumentos de evaluación.
Conclusiones
Esta revisión sistemática resume la evidencia de que la participación en programas de EF estructurados (ejercicios de resistencia aeróbica, fuerza muscular, fuerza-resistencia o yoga) puede ser de gran utilidad en esta población clínica, ya que reduce la sintomatología de los TCA, mejora la calidad de vida y el bienestar psicológico, incrementa la fuerza muscular y la capacidad cardiorrespiratoria, y mejora la DMO y las medidas antropométricas. Sin embargo, hasta el momento no hay investigación suficiente que permita desarrollar una metodología sistematizada y estandarizada para prescribir el EF como tratamiento coadyuvante y terapéutico de los TCA. Además, incluir diversas manifestaciones de TCA en la presente revisión ha dificultado la identificación de pautas concretas y comunes, dado que cada tipo presenta matices y características únicas. Por ello, en futuros trabajos nos proponemos analizar y detallar individualmente los estudios revisados, enfocándonos en las similitudes según la tipología de TCA, concretamente en AN, BN y TA.
En esta misma línea, esto dificulta determinar las características concretas que debe tener el EF para este colectivo. Se ha demostrado que los programas de EF estructurados, que incluyen ejercicios de resistencia aeróbica, fuerza muscular, fuerza-resistencia o yoga, mejoran significativamente la sintomatología. En términos generales, se observa que las intervenciones que han favorecido la sintomatología física o mental de las personas diagnosticadas con TCA se basan en el uso de cargas ligeras a moderadas, tanto para la fuerza como para la resistencia aeróbica, y que se incrementaban de manera gradual, respetando el principio de individualización.
Agradecimientos
Este trabajo se ha realizado gracias al proyecto PID2019-107473RB-C2 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España y al 2021SGR-00806 del Govern de la Generalitat de Catalunya.
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ISSN: 2014-0983
Recibido: 20 de diciembre de 2024
Aceptado: 29 de abril de 2025
Publicado: 1 de enero de 2026
Editado por: © Generalitat de Catalunya Departament de la Presidència Institut Nacional d’Educació Física de Catalunya (INEFC)
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